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ARGUEDAS Y LA ANTROPOLOGÍA

Agradecimiento a María Rosa Salas por proporcionarnos este artículo 

 Es la antropología, ¿Una ciencia o un arte? ¿Ciencia y Arte?

Para José María Arguedas La antropología estuvo unida a la  Literatura, al periodismo, sus textos cargados de datos etnográficos,  organizados como novela, como cuento, como poemas. Unida también a la música, a los colores, texturas,  movimiento coreográfico, textiles, instrumentos musicales toros de pucara, Iglesias de quinua, Retablos ayacuchanos, tecnología, mentalidades, conocimientos, sabiduría. La antropología era su experiencia de vida.
Se adelantó 50  años a las discusiones de los antropólogos  del siglo 21 a los comentaristas políticos que pontifican cada noche por la Televisión.
 Juzguen Uds.

LLAMADO A ALGUNOS DOCTORES  (1966)

“Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores,  de lágrimas, como el de la calandria, como el del toro grande al que se degüella, que por eso es impertinente.

Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.
Que estén ablando pues, que estén cotorreando si eso les gusta ¿De qué están hechos los sesos? ¿De que está hecha la    carne de mi corazón?

Los ríos corren bramando en la profundidad,  El oro y la noche, la plata y la noche  temible la forman las rocas, las paredes de los abismos en que el río suena, de esa roca están hechos    mi mente, mi corazón, mis dedos.

¿Qué hay  a la orilla de esos ríos que tu no conoces, Doctor?
Saca tu larga vista, tus mejores anteojos Y mira, si puedes.

Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan.  Esas quinientas flores son mis sesos, mi carne.

¿Por que se ha detenido un instante el sol, por que ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor?

Pon en marcha tu helicóptero y sube aquí, si puedes.  Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en  arco iris y alumbran.

Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres que hierven al sol en  colores; en flores se ha convertido la negra ala del cóndor y de las aves pequeñas.

 Es el medio día, estoy junto  a las montañas sagradas, la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanza su luz a los cielos.

En esta tierra  fría siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semillas poderosas.  Los cien colores son también mi alma, mis infatigables ojos.

Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido

El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza que, espantando brilla en las cumbres.

El jugo feliz de  millares de yerbas, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré en tu sangre, en la niña de tus ojos.

El latido de miradas de gusanos que guardan tierra y luz, el vocerío de los insectos voladores, te los enseñaré, hermano, haré que los entiendas.

Las lagrima de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y las oigas.

  Ninguna maquina difícil hizo lo que sé, lo que sufro, lo que del gozo del mundo gozo.

Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo esto.

 

 No huyas de mí, doctor, acércate, mírame bien, reconóceme, ¿Hasta cuándo he de esperarte?

 

Acércate a mí,  levántame hasta la cabina de tu helicóptero.  Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes,    la vida de mil plantas que cultivé en siglos, desde e pie de las nieves hasta los bosques donde tienen sus guaridas los osos salvajes.

 

Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo, te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos, con el pequeño corazón de la calandria en que se retrata el mundo.

Te refrescaré  con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que templan con su sombra a nuestras criaturas.

  ¿Trabaje siglos de años y meses para que alguien que no me conoce ay a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?

  No, hermanito mío.  No ayudes a afilar esa máquina contra mi, acércate, deja que te conozca, mira detenidamente mi rostro, mis penas, el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo, el mismo viento respiramos, la tierra a  en que tus máquinas, tus libros y tus  cuentas, baja de la mía, mejorada, amasada.

Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos, que amasen barro para desfigurar nuestros rostros, que todo eso hagan.

  No tememos a la muerte, durante siglos hemos ahogado  a la muerte con nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos.

  Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro, mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.

  No sabemos bien que ha de suceder.  Que camine la muerte hacia nosotros, que vengan esos hombres a quienes no conocemos.  Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas. ¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?

  No contestes que no vale.  Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida, que los músculos de mi cuello en miles de meses, en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga, que pare y forma como el tiempo sin fin y sin principio.

  La antropología es Ciencia y es Arte,  esa dupla inseparable que se diluyó  por  las pretensiones racionalistas y cuantitativas del pensamiento  economicista que se instaura en occidente entre el 18 y el 19.

José María Arguedas, practicó la Antropología antes de estudiarla, antes de estar premunido de bases teóricas, de métodos, de hipótesis.  El hizo de la  Ciencia, Arte.

Arte que es el concepto primigenio de la ciencia, curiosidad, experiencia, involucrarse con los hechos.

La Antropología De La Experiencia fue su campo, la practicó desde los años 30 en que publica Agua,  Paradójicamente podemos inscribirla en las últimas exploraciones de la Escuela de Antropología que preconiza Víctor Turner en los años 80 y Clifford Geertz  hasta nuestros días. La intuición antropológica de Arguedas es asombrosa, su visión del futuro nos estremece.

A medida que se avanza en la lectura de sus textos, Literarios, periodísticos y académicos, uno puede ir descubriendo las rutas del pensamiento Arguediano.  La superposición de estratos a la manera geológica, sus datos los maneja conectando el pasado con el presente ya no de la cultura material, sino de las manifestaciones inmateriales de la cultura, en el discurso de los ancestros como en el discurso de los actuales personajes del drama que se construye día a día en nuestro país. A partir de sus textos, podemos entender  los paradigmas que poblaron su experiencia vital.  Desde los estratos mas profundos marcados por el modelo cultural que trasmitieron las imágenes paternas, comportamientos caballerescos y conservadores y a la vez iconoclastas y desconcertantes para un niño en tierna edad, imágenes, sensaciones que se grabaron con fuego  en los recuerdos de su infancia.  Pero también  las imágenes ausentes del modelo femenino que fuera análogo  al paterno, modelo sustituido por  los afectos emociones y sentimientos indígenas que lo nutrieron  y apaciguaron en los momentos más perturbadores de su  niñez.  Mas, a su vez Arguedas  fue  consciente que estos modelos indígenas no eran los propios de su procedencia. Y de allí la sensación que lo acompañó durante toda su vida, de cabalgar entre dos o varios mundos. Sensación de falta de pertenencia confortable y segura en alguno de estos mundos.

Todos los mundos, todos los sentimientos, todos los afectos, todas las sangres que vivió que experimentó, fueron el marco teórico intuitivo y de allí deriva el creativo modelo metodológico con que construyó sus obras antropológicas, tan poco leídas, tan poco difundidas.  

A su vez,  percibiremos siempre en sus textos y en sus acciones, el deseo  generoso de transmitir su experiencia a su entorno mas cercano, a los creadores, a los artistas y académicos, a sus alumnos, a los de la escuela de Sicuani, en cuzco, a los de la Agraria, a sus amigos provincianos, Máximo, Jaime, Josafat, también compartirlas con   las personas citadinas y cosmopolitas, con las que se desenvolvió en su madurez, Cueto, Szizlo, Westfalen, Sologuren,  Varela, Iturriaga y muchos otros.  Experiencia que quiso compartir, con  personas  tan diferentes y poco sensibilizadas sobre el mundo andino de la época que le toco vivir..

Quiso ponernos a  nosotros, generaciones posteriores, en contacto con los orígenes de la cultura universal y Andina, recuperando los héroes épicos y deidades  pre hispánicas que se camuflan en ritos católicos actuales, quiso llamarnos la atención sobre la atmósfera sonora,  la atmósfera estética, que se desprende de la luz , el color y las texturas del paisaje  y medioambiente andinos, paisaje y atmósfera que nutren el alma a través de los oídos, los ojos, la mente y el corazón, a través de las expresiones plásticas de las manifestaciones estéticas andinas

Leer los textos de sus libros, nos produce una gran  curiosidad de experimentar las sensaciones que en los textos  se mencionan: Retomar la lectura de Dioses y hombres de Huarochirí, mitos e historias maravillosas alrededor del apu Pariacaca, texto traducido del quechua del siglo 16 al castellano actual, por el mismo Arguedas, traducción en un estilo poético y metafórico riquísimo en  imágenes y sugerencias,  que nos provoca  intentar escuchar  el sonido del  viento, la voz del río, el rumor de las hojas de un bosque de molles. El sonido leve que producen los insectos que en su nombre  contienen  la terminación quechua yllu,  que  representa en una de sus formas la música que producen las pequeñas alas en vuelo, música que surge del movimiento de objetos leves.  Provoca, caminar por la Huaca de Huaycan de Cieneguilla,  y en medio del cauce del Huayco seco, entre  la  pared perimetral  y los trojes que todavía guardan maíz y ceniza. Escuchar la música producida por el  viento que  resuena en la gran antara,  el gran instrumento natural,  formado por  los cerros pelados que circundan la Huaca y la protegen de la violencia de la avenida de las aguas  cerriles.

Pero también los textos de  sus libros, nos dan pautas para iniciar la manera de entender la  frustración e indignación de los excluidos,  que por ignorancia y la falta de sensibilidad   de los “doctores” citadinos quienes se  atribuyen explicaciones simplistas y autoritarias a las complicadas formas de asimetría y exclusión en que han vivido y aún viven las poblaciones originarias.  Y,  ante la falta de vasos comunicantes entre los diferentes mundos que constituye el Perú,  los sentimientos y las acciones   se desbordan como los huaycos, como las heladas, como las epidemias.

Libros ricos en propuestas para entender los laberintos ajenos a la cultura occidental,  las propuestas andinas que  relacionan lo ancestral con el presente, el cambio tecnológico y cultural que se procesa, “Se amasa” en los difíciles hervores de nuestros tiempos.

Los  libros de Arguedas, antropología o ficción literaria, da igual, están repletos de experiencias fácticas  a partir de las cuales Arguedas nos propone, las claves históricas, antropológicas y políticas polisémicas , alternativas que tienen validez actual.

Sugerencias, advertencias metafóricas que serán tomadas en cuenta por aquellos que quieran oír y que deseen ver sin necesidad de largavistas que reducen la complejidad de los escenarios.   Y, entonces premunidos de estas sugerencias, nosotros los profesores,  intentaremos guiar a las nuevas generaciones de todos los sectores del país a construir alternativas de reconciliación, puentes  creativos para el futuro.

Empezar a desenmarañar los  Laberintos Arguedianos que se esbozaron con gran intuición y sentimiento en sus textos, es un reto. Entender como esos sentimientos duales, que iban de la alegría infinita a las profundidades de la desesperación, fueron esos mismos laberintos que permitieron a José Maria  Arguedas pensar como pensó, escribir como escribió, sufrir y gozar la vida como yo fui testigo  que lo hizo en las privilegiadas ocasiones  en que compartí su generosa amistad  y su inestimable  sabiduría.

Magíster María Rosa Salas    Lima 2004.

BIBLIOGRAFIA

ARGUEDAS, José María

1993                          Obras Completas  V  Tomos. Editorial Horizonte, Lima.

BRUNER, Edward

1986     “Ethnography as Narrative” U. Of Illinois Press, Chicago

GEERTZ, Clifford

1986        “Making experience” U. Of Illinois Press Chicago.

SALAS, Maria Rosa, ROCHABRÚN, Guillermo

2001     “Una lección de canto” en: Booklet, Arguedas Canto y Herencia.  PUCP

TURNER, Victor

1986                                “The Anthropology of experience”  University of Illinois Press.

 

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