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PERFIL DEL HISTORIADOR PERUANO

QUÉ TIPO DE HISTORIADOR DEBEMOS FORMAR EN LAS UNIVERSIDADES DEL PERÚ

De Waldemar Espinoza


            Toda escuela Académico-Profesional de Historia -de las que funcionan algunas en determinadas Universidades peruanas- tiene como meta la formación de historiadores autónomos con capacidad de desarrollar criterios propios que les permitan afrontar los problemas de la vida académica y profesional. En tal sentido deberán ser historiadores preparados para asumir una perspectiva pluralista, dirigida a desarrollar la tolerancia necesaria para escuchar argumentos y poder presentar los propios.
         De ahí la necesidad de que el futuro historiador deba recibir una instrucción que le permita adoptar una aptitud humanística con relación a las ciencias sociales. Es decir, ser receptor y cultivador de una enseñanza la más amplia posible de las ciencias para que prosiga por sí mismo el aprendizaje y la investigación. Solo así llegar´ a transmitir conocimientos y a desarrollar la capacidad de utilizar las informaciones, jerarquizándolas y ordenándolas. El conocimiento es la reflexión sobre la información.
         Debe tener una formación profesional que lo habilite y ponga en condiciones óptimas para el trabajo de la investigación pura y aplicada. Por lo tanto, durante su preparación en las aulas se le impartirá conocimientos sobre el manejo de las herramientas teóricas y metodológicas que le permitan llevar adelante trabajos académicos serios y de rango superior. O dicho de mejor manera, a ser un historiador que sepa investigar con la sapiencia necesaria para establecer la validez de las fuentes, a las que deberá conocer sin restricciones, único modo de abordar problemas con métodos adecuados para resolverlos
         Es indudable que se necesitan historiadores con capacidad para manejar los instrumentos de esta disciplina con una visión del conjunto de la vida social. Historiadores que potencien su razón emancipadora y no calculante; es decir, capaces de pensar la vida social por sí mismos, de manera independiente, que es lo mismo que decir: un científico que investigue y analicé prescindiendo del asesoramiento de otros y rompiendo las ataduras que pretende imponer la historia oficial.
         Consecuentemente, se requiere historiadores con suficiente preparación para comprender racionalmente a la sociedad, por ejemplo las relaciones del hombre con la naturaleza, también la violencia y la corrupción. En fin, a la cultura total a la que pertenece y en la que vive. Historiadores capaces de propugnar una cultura racional y oportuna basada en la discusión intelectual sin excesivas esquematizaciones que puedan perjudicar el análisis. Es que la perspectiva histórica alcanza importancia cuando se la esclarece con criterio analítico, y no como recuento sin discernimiento, significado ni sentido. Para ello se requiere una formación con entrenamiento profesional. De ahí que al egresar y obtener sus títulos universitarios, deberán ser dueños de un bagaje intelectual para manejar apropiadamente las fuentes, teorías, leyes, métodos y técnicas de las ciencias sociales para resolver los problemas que plantea la indagación histórica.
         Lo que significa que responsablemente conducir´ sus años lectivos a lograr una aptitud completa para llevar a cabo investigaciones hasta consolidarlas en el m´s alto peldaño, para con habilidades utilizar creativamente los procedimientos de la investigaci´n científica. Por igual en el manejo competente de la aplicación de las ya citadas teorías, leyes y métodos de las ciencias sociales para ajustarlos en todos los ámbitos de la historia, sea regional, nacional, continental e internacional.Para ello debe dominar la metodología de su especialidad, conocer la aplicación adecuada de las técnicas, procedimientos y otros recursos auxiliares para perfeccionar el proceso investigatorio. O sea un historiador que esté en aptitud para organizar equipos interdisciplinarios de investigación histórica, dirigir proyectos de investigación solicitados por instituciones y empresas públicas y privadas, realizar consultoría y asesoramiento en el área de las ciencias histórico-sociales. Pero lo que ejecute respecto a proyectos, éstos deben ser originales, proponiendo alternativas para mejorar el trabajo investigatorio. O mejor dicho, innovar metodologías y técnicas para enaltecer la calidad de la investigación, con la idea de formar escuela, adiestrando futuros historiadores. Asimismo, un historiador que sepa emplear correctamente el lenguaje, única manera para relacionarse con los dem´s y explicar lo que analiza y razona.
         Una vez egresado debe mostrar que sus conocimientos adquiridos serán cada vez ampliados y actualizados en los espacios de su tem´tica investigatoria. Sus publicaciones, conferencias y lecciones deben ser focos de nuevas ideas y de orientaciones científicas, humanísticas, y tecnológicas en el campo de la historia, y de modo similar guías de investigación en busca de la alta calidad, como una manera de institucionalizar la excelencia académica.
         En consecuencia, el historiador debe esmerarse para reunir requisitos que le permitan adoptar una aptitud humanística con relación a las ciencias sociales, sin oposición a las otras ciencias porque todas son productos de la inteligencia humana. Urgimos, pues, historiadores que comprendan la humanística de las ciencias, o mejor dicho, con capacidad de continuar por sí mismos su perfeccionamiento que los ponga en condiciones para transmitir sus descubrimientos de manera jerarquizada, ordenada, precisa y transparente con reflexiones sobre lo que informan y transfieren. Lo que quiere decir dominio en el trabajo concerniente a temas de investigación histórica, pensando racionalmente en la complejidad de la vida social. Eso justamente exige un conocimiento fundamentado de la vida social, que es el núcleo de la vida profesional.
         En otras palabras, un historiador que sepa reflexionar sobre la memoria histórica y la identidad, reivindicando la memoria retentiva. O en otros términos, estudiar y analizar la memoria histórica como instrumento para la construcción de las identidades sociales, con el objetivo de estimular el orgullo patrio y nacional sin excluir a otras sociedades del planeta. Aquí es donde el historiador peruano debe responder a esas preguntas aún pendientes: ¿De dónde procedemos? ¿Quiénes somos? ¿Hacía dónde vamos? y otras similares. Hay que responderlas desde la historia peruana pero enmarcada dentro del contexto de la historia americana y universal. Por lo tanto, el historiador tendr´ desarrollada su cerebración para tener una perspectiva histórica vasta y completa de la comprensión del acontecer social. br>         Para ello -precisamente- el historiador estar&a en constante diálogo con las fuentes que los archivos, bibliotecas, museos y los repositorios y sistemas le deparan. La exigencia de las investigaciones de alta envergadura demanda que el historiador enfatice la metodología comparativa, por cuanto la historia del Perú esta inmersa en la de Hispanoamérica y del Mundo. La historia es, no cabe duda, una disciplina multidisciplinaria. Es el único modo de entender los avances de ¡a ciencia histórica. Todo lo cual anuncia que el historiador, además de experto en su metodología, debe ser creativo para elaborar proyectos de investigación científicamente planificados, incluso con tendencia a la solución de la problemática nacional. Lo que vale decir investigaciones que conduzcan a la elaboración de teorías y técnicas que generen conocimientos. De allí la perentoriedad para que el historiador posea una formación humanística que lo ponga en situación de comprender y explicar los hechos sociales. Asimismo conocer las categorías del pensamiento humano con la finalidad de analizar y criticar los hechos con miras al mejoramiento de la sociedad. Justamente la capacidad de estar actualizado y de profundizar los conocimientos de la disciplina histórica lo transforma en innovador de técnicas y metodologías, en un científico creativo con habilidad critica y analítica, con aptitudes para entender los problemas sociales del periodo o temática que investiga , planteando soluciones que contribuyan al avance metodológico y teórico de su especialidad.
            Actualmente constituye una verdadera eclosión la historia de las mentalidades y la de género, tanto en sus versiones más sofisticadas como en las más frívolas. Esta nueva historia abarca una multitud de formas. Y como las nuevas tendencias y preferencias imponen nuevas exigencias de entrenamiento de los historiadores, desde la comprensibilidad de la hermenéutica hasta la familiaridad con la antropología, filosofía, semiótica y crítica literaria es comprensible que hoy se conciba a la historia como una disciplina que exige tanto explicación como interpretación.
         En suma, el historiador es un científico que piensa, que analiza críticamente, que reflexiona sobre la memoria histórica y la identidad, que escribe con fundamento y narra haciendo uso de un lenguaje correcto. Esto es lo que le permite meditar con lógica, profundidad y objetividad para comprender la situación del país y del mundo. La meta de las Escuelas Académico-Profesionales de Historia debe ser la formación de académicos, investigadores y profesionales de la historia que puedan efectuar contribuciones específicas a nivel local, regional, nacional, continental y mundial. El historiador, incluso, puede contribuir con propuestas especificas a la construcción del futuro nacional peruano del siglo XXI. Como se ve, no por ser un científico dedicado al estudio de las sociedades del pasado permanecerá alejado de los grandes problemas contemporáneos. Debe asumir compromisos sociales para la defensa de la dignidad y derechos humanos en el proceso de las transformaciones sociales. Éticamente debe asumir un comportamiento moral, cuya aplicación refleje los más elevados valores del ser humano. En fin, el genuino historiador es un autentico maestro, cuyo aprendizaje y difusión de sus conocimientos lo convierte en un estudiante permanente y en hacer que otros participen de sus descubrimientos, un investigador y un maestro que aprende y enseña sin cesar, una persona que sabe vivir con otros poniendo en práctica la tolerancia.

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