EL
RACISMO EN EL PERU...OTRA VEZ
Agradecimiento especial
al lic. Augusto Lostaunau Moscol. Historiador. Docente en la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional Federico
Villarreal. Lima-Perú.
Los últimos acontecimientos violentos ocurridos en
la ciudad de Ilave, capital de El Collao –Puno- han reavivado nuevamente las
interpretaciones racistas sobre los hechos sociales-populares en nuestro país.
Para muchos analistas, el asesinato del alcalde de Ilave es producto de una
horda de indios borrachos, para otros tiene una relación con intereses de
contrabandistas y narcotraficantes –lo mismo dicen de la huelga de campesinos
cocaleros en Tingo María-, mientras que para otros es una lucha de los
campesinos que fue infiltrada por agentes políticos extremistas y antisistema
neoliberal. En cualquier caso, los campesinos son reducidos a simples
seguidores o individuos manipulados por sustancias o agentes extraños a su
realidad. Nuevamente el campesino indígena peruano es visto como un menor de edad
político que no puede ni debe actuar libremente y por lo tanto debe ser
protegido o reprimido.
EL RACISMO COLONIAL
Alberto Flores Galindo
escribió “En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las
categorías raciales no sólo tiñen sino que a veces condicionan nuestra
percepción social”(1988:259). Es decir, el racismo
colonial es una realidad cotidiana que marcha mas allá de los discursos
racistas y se internaliza en nuestra forma de ver y comprender una sociedad y
los grupos que la integran, vale decir que las clases sociales no solamente son
percibidas por su rol que cumplen en la producción sino que a ello, se agregan
en forma conciente y/o inconciente la idea de raza en
su mas simple significado: color de la piel y cultura tradicional. Estas
condiciones generan intolerancia hacia la religión, pensamiento político,
utilización del idioma y la vestimenta (Ramírez 2001 ;
Lostaunau Moscol 1993). En el caso peruano se presenta como un enfrentamiento
entre lo supuestamente “moderno” y lo tradicional; entre la xenofilia y la
endofobia y por último, entre la dictadura neoliberal y la democracia popular.
La invasión y dominación
española generó en el Perú el racismo colonial. Dividir la sociedad entre una
República de Españoles y una República de Indios, significó partir a la
sociedad por el origen de los hombres. Esta visión también se ejerció sobre los
negros quienes llegaron como grupo social adscrito a los españoles y por lo
tanto, en la sociedad colonial pasaron a formar parte del sector dominante
pero, como un apéndice, es decir, sin poder, aunque contrarios a las masas
indígenas. Son muchos los jóvenes investigadores que han empezado a indagar
sobre la situación del negro en la colonia, destacando Jacqueline Guevara
Blanco (2002) y Betzabeth Ortega Luján (2003). En ambos casos, la situación
social del esclavo es analizada dentro de la sociedad total y en un proceso
histórico en movimiento.
LOS DISCURSOS RACISTAS EN EL PERU
El siglo XX no sólo
significó en el Perú nuestra incorporación al capitalismo imperialista en
calidad de país dominado y de una economía neocolonia, sino también, dio inicio
a una serie de discursos racistas por parte de muchos de intelectuales de
origen aristocrático. José de la Riva Agüero y Osma, Víctor Andrés Belaunde,
Alejandro Deustua, Francisco García Calderón y Honorio Delgado, entre otros.
Para Riva Agüero en el indio vivía secretamente una posición hostil y
vengativa; para Deustua los indios eran pobres infelices y analfabetos,
mientras que Delgado se convirtió en un defensor del nazismo (Yarasca 2003).
¿FUE MARIATEGUI RACISTA?
El
postmodernismo en el Perú y sus principales difusores han planteado que en la
obra de José Carlos Mariátegui existe un claro síntoma de racismo. El posmodernismo tomó de la filosofía posestructuralista su
carácter fragmentario, heterogéneo y plural de la realidad, negando la
objetividad del conocimiento (Rivera 2003). De esta forma una práctica
cotidiana y común de los posmodernistas es fragmentar y descontextualizar. Y
eso es lo que han realizado con Mariátegui.
En
sus 7 Ensayos, Mariátegui dedicó varias páginas para analizar el proceso de la
literatura. Reconoce que la literatura es una creación cultural que responde a
los intereses de la clase que la produce y la sostiene, por ello frente a la
literatura colonialista e hispanizante se produce la emergencia de la
literatura indigenista. La primera venera lo hispánico y el pasado español
mientras la segunda, consagra y venera lo andino. No hay espacio para una
literatura de otro sector social, por ello, son escritores de la vieja
aristocracia quienes toman la figura del negro y lo ubican como un adscrito del
blanco, no como un personaje con vida propia –más tarde José Diez-Canseco trató
de hacer vivir al negro en Estampas Mulatas en 1938-. Cuando Mariátegui indica
que “La sociedad colonial, que hizo del negro un doméstico –muy pocas veces un
artesano, un obrero- absorbió y asimiló a la raza negra, hasta intoxicarse con
su sangre tropical”(1977:334) Aquí simplemente se está
describiendo objetivamente un fenómeno social que vivió durante la colonia y
que en la actualidad podemos observar sus resultados. Por ejemplo, cuando
hablamos de música criolla ubicamos en un mismo estilo musical al vals criollo
de origen urbano y al folklore afroperuano de origen rural. Para acabar con esa
total marginalidad que vive el negro por parte de una sociedad racista,
Mariátegui propone el socialismo. Es quizás esta propuesta lo que espanta a los
posmodernos –que en su mayoría viven de ONGs y becas
financiadas por organismos ligados al pensamiento neoliberal mundial- y por
ello de forma irracional lo acusan de racista.
¿SON LOS NOMBRES UNA DEMOSTRACIÓN DE RACISMO?
Para
algunos periodistas, los nombres que colocan los padres a sus hijos puede ser
un acto de “modernidad y posmodernidad”, rechazando que son una demostración de
huachafería y por último de adaptación e inserción al sistema. No creemos que
un nombre pueda ser un acto de racismo, tampoco compartimos aquella idea que
los nombres deben de estar de acuerdo a los apellidos, porque esto último es
más racista que aceptar o rechazar a una persona por sus nombres –y sus
apellidos-.
Cuando algunos analistas
sostienen que algunos nombres pueden ser una demostración de huachafería, esa
interpretación es correcta, porque como sostiene Natalia Majluf, “La
huachafería no es cuestión de gustos; es una forma de travestismo que no tiene
conciencia de su propia inadecuación. Es una pretensión necesariamente
ignorante” (1999:49). Es decir, lo huachafo es necesariamente opuesto a lo
conservador y por ende progresista frente al mismo, por ello cuando se produce
la gran migración andina hacia Lima en la década del 50 del siglo que pasó,
estos migrantes descubrieron una nueva sociedad a la cual no pertenecían pero,
pretendían incorporarse, jugando los nombres una función muy importante. Por
ello, el nombre no es un objetivo es simplemente un medio que genera
inadecuación para los gustos conservadores que como respuesta los rechazan y se
burlan de los mismos. Aunque este mismo proceso lo vivieron los italianos
llegados a la Argentina que tomaron o hispanizaron sus nombres –Luis por
Luigi-, los alemanes en el sur de Chile y los japoneses arribados al Perú.
Este proceso lo repiten los hijos de
los migrados a Lima que ahora han decidido marchar a los Estados Unidos donde
“el Pedro” es ahora “el Peter” y “el Juan” es “el John” (Ávila Molero 2003). Un
nuevo proceso de adaptación e incorporación en una sociedad que no tenía conocimiento
de su existencia.
LOS CHOLOS Y EL NEOLIBERALISMO
Para
Sabino Arroyo “El contexto cultural de la raza se antropologizó con la idea de
la etnicidad, sin lograr por completo; porque, el racismo sigue justificando
las diferencias, dependencias y los estereotipos” (2004:102). Es decir, a pesar
que con el neoliberalismo y los supuestos desarrollos intelectuales de los
posmodernos, existe un discurso que favorece lo diverso, en la práctica real y
cotidiana, el racismo sigue marcando las diferencias y los estereotipos.
Existen los cholos achorados y los cholos emergentes (Granados 1999), las
formas ocultas para legitimizar en discursos las diferencias de las clases
sociales (Callirgos 1997), el despojo y la destrucción de las culturas
autóctonas (Montoya 2003), el renacimiento de la utopía andina (Lostaunau
Moscol 2002) y la crítica al concepto sociológico de mestizo (Plasencia 1999).
Es decir con el neoliberalismo el cholo es más cholo y por ello busca desesperadamente
dejar de serlo, asumiendo patrones de vida como el consumismo y el
eclecticismo, totalmente contrarios a sus manifestaciones culturales
tradicionales.
UN
POST SCRITUM
Cuando acabamos de ordenar ideas y textos para redactar este ensayo, los
diarios nos traen noticias de nuevos sucesos racistas no solamente en el Perú
sino también, en Bolivia, país que al igual al nuestro cuenta con una mayoría
indígena en su composición demográfica.
En nuestro país, un partido de fútbol entre el Cienciano y el Universitario de
Deportes, jugado en Urcos –Cuzco-, terminó
abruptamente por sucesos violentos entre los jugadores de Universitario y el
árbitro. Ya en Lima, el jugador José Carranza, expulsado en el partido, declaró
“Las piedras nos caían de todos lados. Nos reventaron todas las lunas del bus.
Esos indios nos querían matar. Por un momento parecía que estábamos en Ilave”(Extra. Martes 25 de mayo de 2004. p.14). Aquí el término
indios es utilizado con la mayor carga peyorativa posible para hacerlos sinónimos
de salvajes y criminales, como en Ilave.
El otro suceso son las
declaraciones de la señorita Gabriela Oviedo, elegida Miss Bolivia para el
certamen de Miss Universo que se realiza en Ecuador –otro país andino de
mayorías indígenas-. Según ella los bolivianos aimaras de la parte occidental
de su país son “indios, gente pobre y de baja estatura”(Correo.
Viernes 28 de mayo del 2004. p.19). Nuevamente el indio como sinónimo de
miseria y mal nutrición, es decir atraso.
* Historiador. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional
Federico Villarreal. Lima-Perú.
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