LA
UNIVERSIDAD PERUANA Y PARTIDOS POLÍTICOS: MEDIOS,
FINES Y CORRUPCIÓN.
Miguel Aguilar
Díaz
Asociación Cultural
Supay
En
este ensayo, realizaremos un análisis sobre ciertos aspectos de las
Universidades estatales limeñas desde las últimas cuatro décadas del siglo XX; a
partir de una postura no sólo crítica, sino reflexiva. Constituye asimismo una
puerta primigenia a un debate no necesariamente ideológico, sino acerca del discurso y acción política de los
partidos políticos dentro del escenario universitario, considerado muchas veces
como un medio en el cual se debe realizar la formación de los futuros cuadros
partidarios; otras veces visualizado como una especie de “objetivo político”,
lugar de participación y campo de acción de células partidarias donde la
presencia es necesaria para mantener la actividad política aparentemente
académica, que nutra la vigencia del grupo o partido
de acuerdo al copamiento de los órganos de gobierno.
Durante este amplio proceso,
inicialmente hacia fines de los 80, los grupos orgánicos partidarios han
adoptado casi siempre estrategias coyunturales de alianzas, rupturas, pactos,
transacciones y concertaciones con el propósito de mantenerse en los distintos
estamentos y órganos de gobierno universitario. No está de más analizar la causa
de la corrupción institucional, causada por el afán de enriquecimiento y
provecho personal. Este fenómeno nace en las universidades peruanas y de América
Latina como la aberración del manejo del poder y su administración
irresponsable; indirectamente de la improvisación causada por la mediocridad en
la formación profesional y en la ausencia de un sistema de valores sociales. El
individualismo de las sociedades urbanas se puede perfilar como una causa de la
ausencia de conciencia general; este factor sin embargo es tema de otra
reflexión.
La
corrupción en las universidades, aparentemente endémica, la visualizamos como el
verdadero fin de permanencia y control de estas mismas. La utilización de la
ideología política y la “causa partidaria”, se ha convertido de este modo en el
medio de defensa del sistema institucionalizado de la corrupción y la
disfuncionalidad, en nombre del partido y “el verdadero fin”; llegando a
justificar todos los medios posibles para permanecer en el objetivo real;
dándose una aproximación a la inevitable disyuntiva y confusión teleológica de
si “el fin justifica los medios.
Esta ha sido la excretable
realidad de casi todos los activistas y líderes políticos de la universidad
peruana de los últimos tiempos, hecho que se viene manteniendo epigonalmente en
los actuales activistas y líderes políticos de los diferentes partidos de la
vida política nacional, dependiendo de la universidad de origen. De este
análisis desprendemos que la presencia política en las universidades del Perú en
el transcurso de las últimas décadas, puede analogarse o reducirse a la
presencia partidaria o partidarista dentro de sus diferentes espacios de
discusión, debate y órganos de gobierno. Pasaremos a examinar esta presencia de
acuerdo a dos tipos de visiones: 1) una visión amplia, general respecto a la
universidad peruana contemporánea, y 2) otra desde una perspectiva regional,
viendo los exabruptos de los partidos políticos más representativos de la vida
política peruana para devenir en el caso específico de la Universidad Nacional
Federico Villarreal, por ser una de las más politizadas del país desde su
creación hasta ser la primera
universidad intervenida por las Comisiones Reorganizadoras (CORE´s) durante el gobierno del ex presidente prófugo
Alberto Kenya Fujimori en el año de 1992; además de
ser la primera universidad que recobró la autonomía universitaria por decreto
promulgado en el diario oficial “El Peruano” del 7 de Noviembre del
2000.
Universidad
Peruana y Politicismo: ¿Modelos
Antagónicos?
La
universidad, y en general la sociedad peruana, tuvo una época de intensidad de
movimientos políticos e influencias ideológicas muy pronunciadas a partir de la
década del 50. Desde entonces, hasta fines de los años 80, se formó un intenso
periodo de convulsiones políticas caracterizadas por las influencias marxistas
en el campo de las ciencias sociales, visualizadas en la narrativa de una
generación de literatos conocida como la generación del 50, cuyos exponentes más
conspicuos, Julio Ramón Ribeyro, José María Arguedas,
Washington Delgado, Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso, entre otros no menos importantes, fueron los
primeros escritores comprometidos en el sentido orgánico de Sartré; egresados principalmente de la Facultad de Letras de
la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El aprismo, relegado en el ámbito
intelectual por la ausencia y exigua formación académica e intelectual, tuvo una
fuerte presencia en San Marcos de la década de los 50, hasta la salida del
intelectual Luis Alberto Sánchez como rector de esta universidad. La imposición
de la violencia política por sobre el debate ideológico fue una característica
muy común por estos años. Así nos lo grafica un testimonio de un estudiante de
la época:
“Era muy común ver al búfalo
Pacheco entrar en jeep a la ciudad y pasearse por donde quería. Iba con una
mujer, a veces iba con “la Meche” y siempre andaba
armado. Se metía al comedor universitario y almorzaba gratis, y si se cruzaba
con los camaradas, pobre de los que no se vallan...” (Testimonio de Ernesto García, Abogado
egresado de la Facultad de Derecho de San Marcos en
1963).
El
personaje central referido en este testimonio, el “búfalo Pacheco”, era parte de
la llamada “Brigada Aprista”, encargada ésta de la disciplina dentro del partido
y protegerlo de las agresiones. Igualmente tenemos un testimonio de una persona
que recibió un disparo en el pecho cuando fue descubierto realizando pintas en
las paredes de la universidad, al que por obvias razones no publicaremos sus
datos, pero que así como él, se encuentran muchos casos de asesinatos y
agresiones físicas.
Ya
por la década del 60, la influencia de la Revolución Cubana caló en todos los
sectores progresistas de la época, incluso en el mismo Partido Aprista, cuyos
orígenes antiimperialistas tenían presencia en el ala progresista y más radical.
Tal vez la ausencia de un rumbo ideológico fijo y de un derrotero definido en
lugar del caudillismo y fetichismo de su fundador y líder, originó el conflicto
interno entre sus alas de izquierda con fines revolucionarios y aparentemente
marxistas (entre ellos encontramos a Armando Villanueva, Carlos Roca y el mismo
Víctor Raúl Haya de la Torre además de Alan García) (1) frente al pensamiento de
línea más derechista, aunque de mayor producción intelectual: Andrés Townsend Escurra, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé. Sin embargo, luego de la IV convención Nacional del
APRA realizada en Octubre de 1959, donde Luis de la Puente Uceda presenta una
moción condenando la política de Prado y la “traición de la dirección aprista a
los principios originales del partido”(2), y luego de la derechización del mando
aprista al pactar con Prado, se expulsaron a todos los firmantes de dicho
documento; entre ellos, junto con de la Puente, Luis Olivera, Enrique Amaya,
Walter Palacios, Carlos Malpica S. S., Gonzalo Fernández Gasco, entre otros, quienes compusieron el “Comité de
Defensa de los Principios y la Democracia Interna del APRA, llegando a publicar
el órgano de prensa “Voz Aprista Rebelde”. Se declararon en el “manifiesto de
Chiclayo” formalmente como el APRA Rebelde en Noviembre de 1960, siendo que “con
el APRA Rebelde nace un nuevo movimiento de izquierda revolucionaria del
país”(3).
Bajo esta escena mundial y
latinoamericana, se creó el 30 de Octubre de 1962 la Universidad Nacional
Federico Villarreal, aprobada en el Congreso de la República recién hasta el 18
de octubre de 1963, sobre la base
de la Universidad Comunal del Centro del Perú con sede en Huancayo y tuvo como
primer rector a Javier Pulgar
Vidal, destacado geógrafo y académico y entre los fundadores, el militante
aprista del ala derechista Ramiro Prialé. Las cuatro
primeras facultades tuvieron profesores de San Marcos ligados en algunos casos
al Partido Aprista; mas no en otros. Desde entonces, la UNFV tiene una
aparentemente imagen indesligable del aprismo. Los
primeros profesores, que tuvieron plasmado el proyecto de la Universidad
Popular, fueron cediendo hasta hacer de la Universidad un bastión del partidarismo y del manejo irregular. El politicismo en la universidad, no estaba encaminado a tener
como fin una resaltante labor académica, sino prescindiendo de ésta, la
preferencia era el trabajo proselitista no sólo entre trabajadores, sino entre
catedráticos y estudiantes. Algunos profesores, por lo contrario, no soportaron
demasiado tiempo, como en el siguiente testimonio:
“Yo enseñé en la Villarreal el
primer año de su creación. Venía de egresar de San Marcos cuando Luis Alberto
Sánchez me realizó la pregunta de que si tenía alguna ideología política o
pertenecía a algún partido. Cuando le dije que no, me invitó a ser su ayudante
de cátedra o jefe de práctica en el curso de Literatura. Lo mío era la
lingüística, pero por su petición accedí. No aguanté los 6 meses, por los
ofrecimientos indecentes de los alumnos para ser aprobados. Había un lumpen que amenazaba a profesores y estudiantes. A los 6
meses obtuve una beca y estudié en otro país... luego en San Marcos no me dieron
un cargo administrativo porque pensaban que era aprista, por enseñar en villarreal....y me hicieron un favor.” (Conversación con
Rodolfo Cerrón-Palomino, septiembre del
2002).
El
ejemplo tomado del testimonio citado es una muestra tomada aleatoriamente de entre muchos otros, dentro de la
Universidad Nacional Federico Villarreal. Pero mientras esto ocurría en la
universidad limeña clasemediera, la década del 60 fue
el escenario de la formación no sólo de grandes movimientos estudiantiles, sino
del compromiso gramsciano del intelectual con la
sociedad. Los más importantes intelectuales se agruparon en el ELN de Javier
Heraud y Alaín Elias, estudiantes sanmarquinos de
letras y preparados en Cuba donde siguieron el curso de Guerra de guerrillas en
la Sierra maestra. Ellos mismos regresaron ansiosos de convertir a los Andes y
la Selva en otro escenario guerrillero. Habían sido los colegiales que con
viejos fusiles de instrucción se habían levantado en Jauja siguiendo al teniente
Vallejos; aquella ficción desmembrada por Vargas Llosa en su “Historia de Mayta” y que según Héctor Béjar,
hombres como estos se habían incorporado tanto al MIR como al ELN. Este último,
era un grupo de: “...brillantes poetas que ya habían logrado audiencia y
consagración, como Javier Heraud; jóvenes con
aficiones intelectuales, imaginación y gran talento como Edgardo Tello... Juan
Chang, que había sido miembro de la dirección del FIR,
Luis Zapata, dirigente de los obreros de construcción civil del Cuzco, Guillermo
Mercado...” (Béjar 1968:95).
No
podemos dejar de lado la politización llevada a cabo en la Universidad de San
Marcos hacia esta década. Sin embargo, la politización nos obliga a cuestionar o
especificar sobre cuáles son los objetivos prácticos de la universidad, y la
labor del estudiante e intelectual universitario. La politización de la
universidad (y sus consiguientes cargos políticos y administrativos) no ha
conllevado al aporte académico. Sin embargo, la práctica en muchos casos social
y el compromiso del intelectual para con la sociedad, mediante el aporte de
ideas y hechos concretos en beneficio de ésta es parte de la esencia universal
de la universidad. ¿Será cierto que la universidad peruana sólo produce buenos
políticos y nada más que eso? Vargas Llosa, en el ensayo que compara a Cambridge (“La Irrealidad de Cambridge”) como modelo de apoliticismo frente a la
universidad peruana como modelo antagónico, es decir de politicismo (y tal vez de “politiquería”), señala que ningún
extremo es conveniente para el desarrollo de la sociedad, sin embargo resalta
sus tendencias netamente humanistas, su tradicionalidad y su elitismo junto con su irreal
apoliticismo (cf. Benavides 1998:31). Sin embargo, el
politicismo asumido por los sectores comprometidos
(aunque sean ideológicamente contrapuestos) evidencia el grado de desarrollo y
nivel de vida de la población tanto peruana como
latinoamericana.
Sin embargo, aunque no es
incompatible el desarrollo intelectual junto al desarrollo político, la
producción intelectual de San Marcos presentaba un nivel mayor con respecto a la
producción villarrealina. Es de notar que muchos de
los intelectuales políticos de izquierda provenientes de San Marcos, por lo
menos muchos de los más representativos, pasaron a ser años más tarde ayudantes
de gobiernos de derecha, o desencantados por el marxismo partidario; llegaron a
abandonar el activismo político para abarcar actividades más lucrativas. El
libro “Los jóvenes rojos de San Marcos” de Nicolás Lynch profundiza más este tema. Paradójicamente, este
antiguo militante de la izquierda llegó a ser Ministro de Estado del Gobierno
neoliberal de Alejandro Toledo, en el año 2002. Asimismo, muchos políticos de
izquierda que se mantenían como tales hasta el fin de la dictadura de Fujimori terminaron participando del Gobierno no sólo desde
la escena política, sino incluso desde la escena partidaria orgánica, como es el
caso de Gloria Helfer y Henry Pease, quienes de una
posición cercana a la izquierda, pasaron a participar en el partido político de
gobierno “Perú Posible”.
Los políticos más influyentes
en la escena contemporánea peruana han tenido destacados pasos por los
estamentos de gobierno universitario. Estos, han destacado por sus acciones
sociales o por sus carismas y condiciones políticas. Pero en el campo
intelectual, la producción de casi todos ha sido exigua, o casi nula. Con la
excepción de Henry Pease, antiguo director de la
conocida revista Quehacer editada por el Centro de Estudios y Promoción del
Desarrollo – DESCO, con varias publicaciones en su haber. Los libros publicados
por Alan García, por el contrario apuntan más hacia matices político –
partidarios.
Hace algún tiempo Mario Vargas
Llosa publicaba unos ensayos ya mencionados sobre la diferencia entre la
universidad peruana y la inglesa. La diferencia era, básicamente, que la
universidad inglesa preparaba a intelectuales y especialistas académicos, pero
desconectados de su realidad y la política. Y la universidad peruana, sólo
formaba buenos políticos. Desde ya, es imposible referirse a estos tipos de
universidades sin tomar en cuenta las características socioeconómicas de ambos
contextos. Y el estudiante peruano, como el latinoamericano, dadas las
circunstancias paupérrimas de su realidad, espera participar en la vida
política, o para transformar su realidad o tratar de hacerlo, o para aprovechar
los beneficios a los que se pueda sacar provecho de forma individual. Sin
embargo, el estudiante perfecto, sería aquel preocupado en su realidad social,
comprometido con ella mediante la universidad, pero sin
distorsionar el sentido científico y académico de ella misma, y tratar de
aportar desde aquella posición sin dejar de lado la esencia y el paradigma
científico. Sin embargo, llevar a los necesitados y a los oprimidos a la cultura
y los aportes de la ciencia es necesario para el desarrollo cultural de la
sociedad, puesto que el divorcio entre universidad y sociedad ha sido tan
profundo que se ha llegado a un grado de desconexión entre ellas que ha
permitido una brecha entre ambas, llegando incluso a la elitización, lamentablemente económica de la
universidad.
Esta elitización, se manifiesta actualmente en las universidades
nacionales representativas como la UNMSM,
la UNFV y la UNI mediante los Centros Pre-universitarios que aseguran el ingreso de forma más
directa, aunque dependiendo siempre de la capacidad económica del estudiante, y
perdiendo el sentido de la capacidad académica lograda. Por lo tanto, si la
elitización económica sólo permite el acceso
mayormente a aquellos sectores sociales dominantes capaces de afrontar una
fuerte traba económica, las expresiones y manifestaciones políticas dentro de la
universidad estarán ligados, mayormente, a actividades de estos sectores
sociales, que en su mayoría, parte de un sistema basado en el consumo y en
valores culturales globalizados; tienden a la ausencia de la preocupación y a
dejar de lado el compromiso social. Esta generación universitaria ha sido
denominada como la “Generación X” y va asimilando gradualmente las
características filosóficas pragmáticas de la posmodernidad, como son el desencanto por lo político, lo
social y el no conocimiento del concepto de identidad cultural frente a la
identidad globalizada del “American way of life”. Se han dejado de lado a los típicos íconos rebeldes
del movimiento estudiantil para sustituirlos por los íconos consumistas. Es
decir, para graficarlo, se ha cambiado al ya clásico póster del “Che” Guevara de
la mirada perdida, por el Mac Donald, el Capitán Sanders y las
tarjetas de crédito de los más prestigiosos centros
comerciales.
Estas concepciones
generalizadas en la población universitaria y en la sociedad peruana, han
encontrado eco en las administraciones universitarias. Durante esos largos nueve
años de intervención en la Villarreal, y cinco años en San Marcos, no se
permitió a estudiante alguno participar democráticamente en el co-gobierno estudiantil, como estipula la Ley Universitaria
que era como un gran saludo a la bandera en una sociedad sin respeto a las
leyes; es decir que no se propició (ni se permitió) la participación del tercio
estudiantil en las sesiones de los Consejo de Facultad, el Consejo Universitario
y la Asamblea Universitaria. Las políticas de la dictadura neoliberal extremista
de Fujimori llevó la dictadura, la arbitrariedad y la
represión de las calles directamente a los claustros estudiantiles. Asimismo se
observaron numerosas actividades realizadas para esconder la realidad y desviar
la atención de los problemas centrales de la universidad, tal y exactamente como
sucedió con el manejo mediático de los medios de comunicación amarilla en la
escena social; estos problemas eran (y hasta cierto punto lo siguen siendo) la
implementación material de los laboratorios, las bibliotecas y las aulas; la
libertad de expresión y de actos, que fueron cambiados por concursos de belleza
fastuosos y conciertos musicales con famosos cantantes y grupos, financiados con
el dinero de una universidad falta de recursos y en austeridad, y que estaba
destinado originalmente a actividades educativas, por lo menos teóricamente.
Eran y son hasta la actualidad necesarios y urgentes para la reconstitución del
nivel académico perdido en la universidad estatal de los últimos
lustros.
De las
Intervenciones a la Universidad Autónoma: El Caso de la Universidad Nacional
Federico Villarreal.
La
presencia política en las universidades del Perú durante el transcurso de las
tres últimas décadas, puede analogarse o reducirse a la presencia partidaria o
partidarista dentro de sus espacios de discusión, debate y en los espacios
destinados a los órganos de gobierno. Esta premisa se sustenta en la información
que la historia ha registrado, y en los rezagos partidaristas nostálgicamente
presente actualmente en las universidades. El caso de San Marcos, copada
políticamente por grupos de izquierda en todos sus matices, es más conocido que
el caso de la Villarreal; copada esta última por el APRA y sus facciones “izquierdosas” y “anti-izquierdosas”. Existía en esta universidad un “Comando
Universitario Aprista (CUA)” (melancólicamente tratado de reactivar en la
Villarreal y otras dos universidades donde tuvieron una fuerte presencia) de
tendencia oficialista al partido aprista, y la “Alianza Revolucionaria
Estudiantil”, conocidos vulgarmente como “los rábanos del ARE”(4). El CUA se estableció durante muchos años en casi todos
los estamentos estudiantiles de la UNFV, incluidos los gremiales como centros de
estudiantes y Centro Federado, además de los tercios estudiantiles. Por ejemplo,
y para tener una idea precisa de la situación que se vivía, en el año de 1985
hubo un suceso que remeció a la opinión pública limeña; fue cuando Villarreal se
convirtió en la única universidad bicéfala, es decir que tenía dos rectores,
cada uno apoyado por su respectiva facción estudiantil y por grupos de docentes
enfrentados por el control, en un severo conflicto de poderes que se conoció
como la más grande crisis institucional de su historia, que fue cuando se
enfrentaron estos dos “rectores” (Enrique Sifuentes y
Gustavo Vergara Arias (5), ambos miembros inscritos y registrados en el APRA).
Una foto recorrió el mundo al iniciarse las disputas por el rectorado, en la que
se veían a seudo estudiantes vestidos con atuendos militares y cintos con armas
de fuego, balas a la cintura y pañuelos tapándoles el rostro, todos casi
uniformados. (Ver Diario “Expreso”, Lima 4 de octubre de 1985, pp.
1)
Fue que dentro de este
contexto, y aprovechándose del descontrol reinante, que hacia el 29 de octubre
de 1992 se dio la intervención militar de las universidades por parte del ya
conocido gobierno dictatorial de Alberto Fujimori. La
vigencia de la Comisión Reorganizadora (CORE) obedecía a objetivos específicos
que habían llegado a ser un pedido común en la población: Erradicar la
corrupción y el caos, en los ámbitos académicos y administrativos, además de la
manipulación política partidaria que habían hecho de la UNFV sedes de escándalos
institucionales. Ante la opinión pública, había una justificación válida para la
intervención. Sin embargo, los 180 días que establecía la ley (DL 25798) para su
vigencia, fueron obviados y prorrogados sucesivamente por el gobierno, frente a
los “logros” visibles de sus seudo atinadas políticas interventoras de gobierno.
Hacia 1992, el gobierno había anunciado la captura de los principales líderes
del terrorismo, cabecillas del Partido Comunista Peruano – Sendero Luminoso y el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru; además de alegar que se había depurado la corrupción
en todos los organismos e instituciones del Estado y la sociedad civil, lo que
justificaba la intervención e incluso la extensión hacia otras universidades
estatales, principalmente la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La
mayoría parlamentaria oficialista, prorrogó los ciento ochenta días de vigencia
y permanencia de las comisiones interventoras, hasta convertirlos en dos mil
novecientos veinte días.
Hacia aquel año de 1992, en la
Universidad Nacional Federico Villarreal se gestaba un movimiento de tendencia
aprista de izquierda y revolucionaria, de mucha afinidad con el “Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru”,
y de reivindicación del “APRA Rebelde” de los sesentas. Era un grupo que tenía
dentro de sus objetivos el inicio de la lucha armada en el Perú, que sería
alterno a los otros grupos en armas de tendencia marxista, como eran el “Partido
Comunista Peruano – Sendero Luminoso” y el MRTA. Para el gobierno, esto
significó un tercer grupo terrorista que enfrentar, esta vez en la ciudad y con
previsibles consecuencias de efectuarse esta guerrilla urbana; el “Frente
Antiimperialista de Liberación” (FAL). Sus principios ideológicos se
fundamentaban en las ideas antiimperialistas y marxistas del joven Víctor Raúl
Haya de la Torre. Sus integrantes afirmaban que eran un verdadero movimiento
popular de la Izquierda Revolucionaria. Esto hace de 1992 un año especial en la
lucha del Estado contra los movimientos revolucionarios, puesto que la
conformación de las fuerzas políticas daba una presencia considerable a la
izquierda democrática y parlamentaria. De allí el autogolpe de Fujimori al Congreso de la República (senadores y
diputados), que tenía éste en su mayoría a apristas e izquierdistas sumados en
varios grupos. Este golpe permitió asimismo que el Estado introdujese plenamente
y sin restricciones fuerzas militares en las universidades donde más estuviesen
presentes la izquierda o el APRA, o la descrita y peligrosa combinación de
ambas, en el caso de la Villarreal. Sin embargo el FAL, nuevo grupo guerrillero
en la escena, fue el detonante para que se intervenga en ese mismo año a la
Universidad Nacional Federico Villarreal, la primera intervenida por el Estado. Unos tres
años más se intervino a la UNMSM, y a otras universidades como la San Luis Gonzaga de Ica (bastión del
Partido Comunista del Perú – Patria Roja), Hermilio
Valdizán de Huanuco, José Faustino Sánchez Carrión de
Huacho, entre otras.
En
la UNFV la intervención permitió también remover a una red institucionalizada de
corrupción y nepotismo, principalmente en las facultades del Local Central de la Avenida Colmena, en el Centro de
Lima. El Rector, para ese entonces el Arquitecto Santiago Agurto Calvo, tuvo una primera medida radical: expulsar de
la universidad a todo aquel que se declarase aprista, al nepotismo y a los
estudiantes que estuvieran más de diez años. Asimismo, aquel que repitiese dos
años seguidos sería igualmente expulsados. De 35,000
estudiantes que tenía la universidad en 1992, hacia el 2001 en que se retiró la
Comisión Reorganizadora (CORE) habían sólo 18,000. Sin embargo, al retirarse la
CORE producto de las masivas protestas y marchas estudiantiles que culminaron
con la toma del Local Central y del Local Anexo 8 de la Avenida Colonial, el
entonces “Rector” William Cajas dio una Resolución que permitía el retorno de
todos aquellos estudiantes expulsados, en su mayoría personas de 30 a 50 años de
edad, y de fisionomías propias de peleadores: eran los tristemente célebres
“búfalos”.
Durante años la intervención
calló las expresiones de los estudiantes, y se gobernó a los criterios
arbitrarios de las CORE´s. No existía Ley
Universitaria en la práctica, y las actitudes represivas fueron acrecentando los
niveles de descontento, pese al desdén generalizado, producto de una sociedad
mediatizada por la prensa amarilla y los medios de comunicación dependientes de
las decisiones y del dinero del gobierno. El año de 1998, fue importante en este
sentido, porque luego de mucho tiempo de silencio, se realizó una marcha de
protesta estudiantil que fue la primera en tres años de convocatoria masiva. El
4 de junio de ese año la represión policial motivó los desbordes estudiantiles.
Muchos de los estudiantes que atendieron la convocatoria pasaron a liderar los
movimientos en sus universidades. Estuvieron también grupos políticos con poca o
sin representatividad en las universidades, como el movimiento “Juventud
Popular”, proyecto político del PC del P – Patria Roja, así como el casi
desaparecido para entonces Partido Aprista Peruano, el minúsculo “Acción
Popular”, entre otros colectivos. Desde entonces las vigilancias se acentuaron
en las universidades nacionales, se percibió una intervención ya no uniformada,
sino de civil de tipo de inteligencia, en los salones de clases, en los patios,
tomando fotos y amedrentando a los estudiantes que motivasen las protestas.
Hacia el año siguiente las protestas se fueron incrementando hasta llegar al
extremos de marchar casi una vez a la semana. La ruta era casi siempre la misma.
Desde la Plaza Dos de Mayo, hasta la Av. Tacna, luego hasta el Museo de Arte, el
Palacio de Justicia, Jr. Lampa hasta el Jurado
Nacional de Elecciones, para llegar al Congreso de la República o al Palacio de
Gobierno, cuando la policía permitía – o cedía a la presión- el avance.
La
edición de volantes(6) panfletos, libelos y revistas encontró en aquella época
un auge no visto antes en la vida académica. El tenor de todos, casi siempre el
mismo: Contra la dictadura, contra el neoliberalismo, exhortando a los
estudiantes a sumarse en la justa causa que es la defensa de los derechos
civiles y humanos conculcados por el régimen. Sin embargo la confiscación de
estas producciones para el sabotaje de las actividades convocadas llegó incluso
a asediar a los estudiantes relacionados a su distribución y elaboración. Así se
secuestraron estudiantes, esto consistía en la retención en las oficinas de
administración de los locales, confiscando el material incautado, fotocopiando
los documentos del retenido sin ningún consentimiento, manteniéndolo en esos
lugares por la fuerza y amedrentando con la expulsión en el caso de reincidir en
los mismos hechos. De este modo se
publicaron revistas y fancines, como: “Subserráneo”, de estudiantes de Comunicación Social de la
facultad de CC. SS. Cabe decir que esta revista se editó en 1995 y se expresaba
en contra de la intervención, aunque con el tiempo adquirió un matiz político.
También se editó “Supay, Neo revista para retro ideas” (Lima 1998), de
estudiantes de Arqueología y Antropología de la naciente Facultad de Humanidades
creada en tiempos de la intervención (en 1997, aunque los primeros ingresantes a esta facultad fueron del año 1998), constituye
además la primera revista de la Facultad de Humanidades; “EL Pazquín, Como te de la gana” (1998) de estudiantes de
Comunicaciones, estos se conformaron políticamente a favor del cese de las
intervenciones gubernamentales que mermaban la autonomía universitaria; además
de otras revistas como “Vagazine” de estudiantes de
comunicaciones, que también se manifestaron contra las actitudes represivas de
la administración intervensionista. En 1999 se publicó las revista “Despertar
Histórico”, de estudiantes de Historia de la Facultad de Humanidades. Además se
publicaron otras revistas de corte menos político, con un carácter cultural de
respuesta a la llamada “cultura amarilla” impulsada por el gobierno neoliberal
de Fujimori. Además, se editó al boletín “Psimiente”, de estudiantes de Psicología, marcada por una
influencia de cultura alternativa, además de manifiestos contra las políticas
económicas de la dictadura neoliberal de facto. Estas revistas y pasquines
fueron la antesala de una producción que se fue conformando de contestataria
hacia posiciones más cuajadas ,académica y políticamente, que a su vez dieron
paso a nuevas producciones luego de la intervención y la recuperación de la
autonomía universitaria. Muchas de estas perdieron continuidad hasta la
actualidad, algunas, como “Subserráneo” y “Psimiente”se editaron por algún tiempo más, sin embargo la
gran mayoría se ha dejado de publicar, excepto la revista “Supay”, que se
conformó en “Revista de Humanidades y Ciencias del
Hombre”.
Luego de muchos incidentes que
y enfrentamientos directos entre estudiantes y autoridades administrativas, se
concretó el cese de las comisiones reorganizadoras luego de 8 años de decisiones
algunas acertadas al inicio, sin embargo la arbitrariedad extrema y la ausencia
de entes reguladores permitieron la imposición de las decisiones frente al
descontento que se fue gestando de manera lenta e irreversible. La corrupción
generada configuró a las CORE´s como el remedio que
fue igual o peor a la enfermedad. La presión al estudiante llevó al extremo de
negar totalmente los derechos estudiantiles, llegando a ser requisado como
cualquier delincuente común, observado de presentarse como “sospechoso” e
incluso seguido, fotografiado y amedrentado, llegando a golpearse estudiantes en
los intentos represivos.
La Autonomía
a la Fuerza: Crónica de una “Toma” Anunciada.
El
día 29 de octubre del 2000, se conmemoraba un aniversario más de la intervención
y la instauración de las Comisiones Reorganizadoras. Pese al descontento
generalizado, se organizaron una serie de festividades, incluyendo la elección
de la “Reina de Belleza”, así como conciertos de música criolla. Pese a las
denuncias de primera plana de algunos diarios sobre las onerosas comisiones y
envidiables salarios de las autoridades de la CORE, se programó esta serie de
celebraciones. El día lunes 30 de octubre el entonces “Rector” William Cajas
Bustamante se encontraba en las celebraciones del Paraninfo Universitario, en
donde la congresista Gloria Helfer le exhortó de forma espontánea diese una
explicación sobre las denuncias sobre las cuantiosas comisiones. El “Rector”,
escoltado se retiró del Paraninfo ante las pifias generalizadas de los
asistentes, saliendo por la puerta posterior donde se dirigió al patio de
estudiantes. En este lugar, las pifias pasaron a los reclamos y los insultos de
casi toda la población estudiantil presente en el Patio Central. Llegó incluso a
recibir indignantes tachos de basura, por lo que sus
guardaespaldas lo llevaron casi arrastrado hacia la puerta de estudiantes, donde
se revisaban a todos de que no poseyesen ningún tipo de expresión contra el
gobierno ni las autoridades. Al salir se había formado una multitud iniciada por
un pequeño grupo de estudiantes que habían convocado a un “contraconcierto” frente a las celebraciones oficialistas,
para protestar contra otro año de intervención oscurantista. Este grupo tenía
por nombre “Conciencia Estudiantil Villarrealina
(CEV)” y estaba regentado por el dirigente estudiantil Imer del Águila, quien había tenido una participación activa
en las protestas estudiantiles. En el momento en que el “Rector” huyó hacia la
calle, las puertas se cerraron tras de él junto con los guardianes – porteros.
En aquel momento comenzó una toma de local como medida de fuerza hasta la
expulsión de las Comisiones Reorganizadoras. Luego de varios años de protestas
masificadas por las universidades del país, aquella medida fue el epílogo y
triunfo de la comunidad estudiantil. En esos mismos instantes, y de manera
espontánea, estudiantes del Local Anexo – 8 realizaron similar medida que
concluyó ocho días después. En el transcurso de los días se realizaron
manifestaciones de solidaridad donde intervinieron estudiantes de las distintas
universidades, llegando una delegación de la Universidad del Altiplano en apoyo
a la toma, así como estudiantes de la Universidad José Faustino Sánchez Carrión
de Huacho. De forma libre acudieron estudiantes de la Universidad San Antonio
Abad del Cuzco y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Durante la primera
noche, se dio un clima de ligero caos, puesto que la espontaneidad del
movimiento no permitió delegar “líderes” o representantes. Sin embargo, en
asambleas plenas se logró elegir al dirigente Imer del
Águila como Coordinador General, así como representantes de cada facultad. Así,
se eligió en la Facultad de Derecho y CC. PP. Al estudiante Carlos Jara, en la
Facultad de Ciencias Sociales al estudiante Fernando Suzunaga, en la Facultad de Educación a Rodolfo Cruz y en la
Facultad de Humanidades al estudiante Miguel Aguilar. El día jueves 2 de
noviembre, el Congreso de la república tenía como punto 9 en la agenda, la
discusión del Proyecto de Ley que cesaba el funcionamiento de las CORE´s en 5 universidades nacionales. Debido a la presión de
algunos congresistas que habían manifestado solidaridad a la resistencia de los
dos locales villarrealinos (sin servicios básicos los primeros días hasta que
llegó la presión de los congresistas Gloria Helfer, Luis Iberico, Marcial
Ayaipoma y Mercedes Cabanillas), el punto 9 pasó a ser el punto 3 en la agenda
de debates. Una marcha de estudiantes villarrealinos apoyó a la presión ya
ejercida por los congresistas y la opinión pública. Pese a contratiempos y la
presión de que se prolongara la agenda, el proyecto fue aprobado ese mismo día
alrededor de la medianoche. La noticia provocó la algarabía de los estudiantes,
sin embargo se tomó con calma, puesto que no se podía abandonar el local hasta
que la ley sea efectiva promulgada por el Presidente de la República y publicada
en el diario oficial “El Peruano”. Los alegatos de que si se dejaba el local se
le daba tiempo suficiente a la CORE de arreglar los delitos cometidos y
desfalcos además de darle oportunidad de acusar a estudiantes por delitos que no
se habrían cometido, y pese a las presiones de la Defensoría del Pueblo y la
Fiscalía a abandonar el local. Sin embargo, y para sorpresa de la mayoría, el
domingo 5 de noviembre se publicaba en “El Peruano” la Ley 27366, Ley que Norma
el Cese de las Comisiones Reorganizadoras de las Universidades Públicas, dando
fin a los 8 años de intervención, dando además algunas medidas transitorias,
como consta en la Ley 25798 que dispone a la Asamblea Nacional de Rectores a que
designe un Comité Transitorio de Gobierno compuesto por no menos de tres ni más
de cinco profesores principales más antiguos quienes se encargarían de la
administración de la universidad por 90 días improrrogables, contados a partir
de la promulgación (4/11/00), quienes deberían dar las condiciones necesarias
para un proceso electoral limpio y transparente.
La
5ta Fiscalía llegó y se entregó el local a las autoridades universitarias frente
a un Fiscal de la Nación, constando ningún sólo daño a las instalaciones y
recibiendo un local repleto de banderolas y globos. Se embanderó la fachada
principal con el lema: “¡Las Universidades son Libres. Ahora le toca al Perú!
Bienvenido a tu Casa. UNFV.”
BIBLIOGRAFÍA
ASTETE VIRHUES,
Jorge.
1989 “El Antiimperialismo y el
APRA y el Gobierno”. En: A 60 años del Antiimperialismo y el APRA”. CONCYTEC,
Centro de Estudios e Investigación Realidad y Cambio. Lima,
Perú.
Obras de Luis de la Puente
Uceda. Voz Rebelde ediciones. Perú 1980
BÉJAR,
Héctor.
1968 Las Guerrillas de 1965:
Balance y Perspectiva. Biblioteca Peruana. PEISA. Lima,
Perú.
BENAVIDES SEMINARIO,
Hugo.
1998 “Modelos Antagónicos”.
En: SUPAY, Neo revista para Retro ideas. Grupo Saqras,
Universidad Nacional Federico Villarreal, Facultad de Humanidades. Lima,
Perú.
ROCA CÁCERES,
Carlos
1989 “El Antiimperialismo y el
APRA base de nuestra conciencia revolucionaria”. En: A 60 Años del Antiimperialismo y el
APRA. CONCYTEC. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Centro de Estudios e
Investigación Realidad y Cambio. Lima, Perú.
VARGAS LLOSA,
Mario.
1984. Historia de Mayta. Alfaguara ediciones. Barcelona,
España.
1993 “La Irrealidad de Cambridge”. En: Contra Viento y
Marea.
FUENTES DE CIRCULACIÓN
NACIONAL:
Diario Oficial “El
Peruano”.
Diario
“Expreso”
Órgano “Voz Aprista
Rebelde”.
(1) “Haya de la Torre, partiendo pues, del
análisis marxista de nuestra
realidad, llegó a la conclusión acerca de la necesidad de esta etapa histórica
(el estado antiimperialista de transición hacia el socialismo), sin la cual no
era posible el socialismo” (Roca, Carlos 1989:50. La explicación es nuestra). Es
necesario especificar la inclinación izquierdista del ex presidente García
dentro de la izquierda del APRA:
“Alan García perteneció a la izquierda del partido que vio en el ´viraje´ de Haya de la Torre una inclinación por las
posiciones de derecha; de otro modo no se explicaría su voluntad por fundamentar
un nuevo proyecto” (Jorge Astete Virhues,
1989:100).
(2) Obras de Luis de la Puente Uceda. Voz
Rebelde ediciones. Perú 1980. pp. V.
(3) Op. cit. pp.
V.
(4) Con el término “rábano” se
hace alusión a los izquierdistas y filomarxistas, que
sin embargo “sólo eran rojos por fuera, pero blancos por dentro, como un
rábano”.
(5) El mismo Sr. Vergara
Arias, luego sería nombrado miembro de la “Comisión de la Verdad” en la
Universidad Nacional Federico Villarreal, que investigaría todos los hechos
realizados por la CORE desde su intervención hasta su salida en el 2000. Ver
Anexos.
(6) Uno de los últimos
volantes se puede apreciar en los anexos, convocando a movilizaciones
estudiantiles.